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JOSE MARTI En Valencia, donde corre el Júcar, nació Mariano Martí. Llamado al servicio militar fue enviado al cabo de un tiempo a
una de las colonias que mantenía España en ultramar, y que era
la isla de Cuba. Allí debería proteger las tierras y propiedades
ibéricas, en especial ahora que se gestaba un movimiento que
empezaba a ver a Cuba como algo distinto y separado de España. A Cuba llegó Mariano como sargento, y versado en labores de
sastre, que le venían de la cordelería de su casa de familia. En
La Habana conoció y quiso a una compatriota, Leonor Pérez,
canaria de Santa Cruz de Tenerife, de posición económica también
modesta, y cuyo padre había venido a la Isla en busca de la
riqueza del mito "indiano¨.
En una casa cubana, sobria y clara, que todavía se conserva como
museo en La Habana, nació el primer hijo de este matrimonio
español, el 28 de enero de 1853. Fue nombrado José Julián, pero
los del afecto cercano le llamaron siempre Pepe.
Don Mariano no se avenía bien con sus labores militares. Por
esto fue sargento, se licenció, y luego volvió a las labores de
uniforme como carabinero y celador. La familia ha ido creciendo y pasa estrecheces económicas. La
tierra natal llama a don Mariano como un imán, y allá se va la
familia en busca de sueños perdidos. La situación valenciana no es mucho mejor, y la añoranza
entonces empieza a ser aquella Isla que ya se ha metido en los
sentimientos, y donde han nacido los primeros hijos. A los dos años, en 1859, regresan a Cuba, a la búsqueda de un
buen camino, para los hijos que ya son cinco. Otra vez trabaja don Mariano de celador, y otra vez entra en
contradicciones: la cesantía no se hace esperar. Pepe acude, entretanto, a la escuela; una pequeña del barrio de
Santa Clara; y se ocupa también en acompañar al padre en cortos
viajes de buscarse la vida por pueblos del interior. Pepe crece rápido, escribe bien, lee mucho, es alegre y hondo al
mismo tiempo, y le teme un poco al genio vivo del padre.
Pronto el padre es nombrado capitán de partido en Hanábana, en
la provincia de Matanzas, y se lleva con él a su muchachito de
ocho años, a que lo ayude en los trabajos de letras, a conocer y
agradecer la naturaleza. Pepe tiene un potro y un gallo fino. Escribe a la madre con
corrección y esmero. Y también este niño de grandes ojos, que ya
han visto la pobreza de su casa, conoce lo que es la esclavitud:
ve azotar a un negro, y comienza a preguntarse sobre el mundo
que lo rodea. Corría 1862 y en la Isla la situación era tensa. Unos
terratenientes tenían ya máquinas para su producción, otros solo
el trabajo de sus esclavos. No pueden ponerse de acuerdo. También otros sectores se sienten disgustados de su situación, y
comienzan a surgir ideas nuevas sobre cómo hacer una sociedad
mejor, y sentimientos de amor a Cuba como su patria, su nación. Aunque un poco retrasado para los deseos de doña Leonor, Pepe
regresa por fin del campo, y allá se va al colegio de San
Anacleto, a recuperar el tiempo perdido. En San Anacleto ocurre un hecho que marcará para siempre la vida
de Pepe: Conoce a Fermin Valdez Dominguez , un muchachito acaudalado, que
tiene también la riqueza del espíritu y la de la inteligencia.
La amistad que empiezan será para siempre: hermosa,
desinteresada, por encima de las diferencias sociales. Esta
amistad será más estrecha cuando los una el empeño común por la
justicia y la libertad de Cuba. Las cosas de don Mariano marchan mal, y en su penuria, piensa
que ha cumplido ya con la educación de Pepe. Vuelve a llevarlo
al campo, lo sustrae de la escuela. Este alejamiento dura poco, pues la honestidad de don Mariano,
que no se somete a manejos sucios, hace que sea cesanteado de
nuevo. De la mano del padre va Pepe a Honduras Británica (hoy Belice)
en pos de fortuna, pero vuelven pronto a La Habana, y entonces,
por la tenacidad del interés de su madre, y por los buenos
oficios y el aporte monetario de su padrino, puede Pepe regresar
a la escuela.
Rafael María de Mendive
A sus doce años entra en San Pablo, el colegio de un
cubano ilustrísimo, llamado Rafael María de Mendive. Mendive se convierte en una figura esencial para la educación de
Pepe, y para la formación de su pensamiento. Lo hace razonar, y
va sembrando en él, con el ejemplo, inquietudes de búsqueda,
primores de cultura e ideales legítimos. Don Mariano sigue sin comprender estos afanes. El celador no
está de acuerdo con que se pierda el tiempo en lecturas y
polémicas cuando hay tantas bocas que alimentar. Aunque Pepe
conjuga sus estudios con un trabajo modesto en una bodega, don
Mariano quiere sacarlo de la escuela. Las relaciones con el
padre se han hecho muy tensas y Pepe sufre. Mendive lo salva; se compromete con don Mariano a costear los
estudios de Pepe hasta el bachillerato . Por esta ayuda, ingresa en 1866 en el Instituto de Segunda
Enseñanza. Todo el tiempo que cursa estudios en este lugar, Pepe
continúa, junto a Fermín, vinculado estrechamente a Mendive, a
sus tertulias y trabajos literarios, y también a los políticos.
El gobierno español de Cuba está tratando de sofocar las
llamitas de insurrección y ha decretado libertad de prensa. Pepe
se incorpora a estos afanes con una producción literaria de tema
político. En diarios escolares escribe: hoy es "O Yara o Madrid"
, luego el soneto "10 de octubre". Los nombres de las hojas
escolares aluden a la situación: El diablo cojuelo, que es un
diablo que enseña todo lo que ocurre en la ciudad; El siboney,
La Patria Libre. Y es que Pepe, como todos los criollos buenos,
tiene su patriotismo exaltado por estos días: el 10 de octubre
de 1868 ha comenzado la insurrección que luego se conocerá como
la Guerra Grande, pues durará 10 años, y Carlos Manuel de
Céspedes ha dado la libertad a sus esclavos en el empeño de
independencia o muerte. Pepe escribe también un poema dramático, "Abdala", donde se
explica por qué un pueblo coge las armas, y los hombres dejan a
sus familias para defender al país de los que lo atacan y
oprimen. "Abdala" refleja los mismos sentimientos de Pepe:
lacontradicción entre su deber de lealtad para con sus padres
españoles, y su obligación para con su patria cubana. A pesar de que Pepe es todavía un niño, pues solo tiene 15 años,
nota cómo aumenta la ira del gobierno español ante el empuje
cubano. También él participa, con su pluma y su palabra, y en otros
afanes clandestinos. A fines de enero del 69 se forman reyertas entre criollos y
peninsulares: en el teatro Villanueva, en la acera del Louvre.
Uno de esos días de tiros y vocería doña Leonor corre a buscar a
Pepe. Cree que está involucrado en esos sucesos. Lo cierto es, que a pesar de los pliegues en la frente de don
Mariano, de las súplicas de doña Leonor, de la prisión de
Mendive, Pepe continúa febril su actividad revolucionaria. A poco destierran a Mendive y la situación política hace que don
Mariano prohíba a Pepe seguir el Instituto. Trabaja de nuevo,
ahora en el despacho de un amigo
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leonor perez |

mariano marti |
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Casa Natal
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Mendive

Marti y Fermin
Dominguez

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Cartas
CARTAS a su
madre
cartas a maria mantilla

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El presidio
Un incidente casual motiva un registro en casa de Fermín, y allí
encontrarán la carta que Fermín y Pepe habían escrito,
indignados, al enterarse de que uno de sus compañeros del
colegio de San Pablo se había alistado en el Cuerpo de
voluntarios. Eran los voluntarios los que andaban atizando odios
por la ciudad, y Pepe consideraba una apostasía inscribirse en
ese cuerpo.
Pepe y Fermín van a la cárcel, y aún deberán esperar seis meses
antes de que se les celebre juicio. Pepe defiende ante el
tribunal la paternidad del escrito. Lo hace con más vehemencia
que Fermín. Le creen. Lo condenan a seis años de prisión, a
trabajos forzados.
El presidio es un espectáculo de horror. Hay reclusos de todas
las edades, de todas las razas. Todos llevan grillos y son
obligados a trabajar. No importa si están enfermos o son
ancianos: van en
largas filas de cabezas rapadas, a trabajar al sol en las
canteras de piedra de San Lázaro.
Pepe es el preso número 113 de la primera brigada de blancos.
Tiene 16 años, pero se siente mayor y responsable por todos, y
obligado a hacer algo para que la situación cambie.
El padre viene a verlo. Le trae una almohadilla que la madre le
manda, por la úlcera que le están haciendo los grilletes, y que
será causa de enfermedad para toda su vida.
Se escriben. Pepe dibuja líneas de dolor y consuelo. En las
relaciones familiares el presidio es un momento importante: Pepe
siente el amor de los suyos; doña Leonor sufre y perdona, aunque
no logre entender; don Mariano va sintiendo el orgullo de su
hijo.
Ambos padres, y las niñas, luchan por un indulto para Pepe,
adolescente y enfermo. Un catalán influyente intercede con el
capitán general. Y lo logran: pasan a Pepe a trabajo de
cigarrería, luego a la fortaleza de La Cabaña , y por último
logra salir a la Isla de Pinos, confinado a la casa de la
familia del catalán.
El tiempo pasado en la Isla le sirve a Martí para nuevas
lecturas, para recuperar en algo la paz y la salud, para hacerse
de los grilletes de presidio, que lo acompañarán siempre, como
un símbolo.
Hoy todavía se conserva, para que nada se olvide, parte de la
cantera donde sufrieron patriotas e inocentes, y que para Pepe
fue una dura prueba a su entereza. Es un museo. Se llama la
Fragua martiana.
Algo más de dos meses después de su salida de presidio Pepe es
deportado a España: se embarca , a bordo del vapor Guipúzcoa,
La familia ha emigrado a México en busca de mejor fortuna, y allá debe
ir
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